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jueves, 24 de abril de 2025

Un Estrépito en la Mañana


El estruendo fue tan fuerte que la tierra pareció sacudirse.

Inés abrió los ojos de golpe, el corazón acelerado sin razón aparente.

Una algarabía crecía afuera, voces alteradas, gritos que se cruzaban.

La mañana, que apenas despuntaba hermosa y serena, se había quebrado.

Aún en pijama, se calzó las chanclas y salió con su hijo Alejandro de 14 años, quien también se había levantado sobresaltado.

Cuando abrió la puerta, lo vio todo…

el caos, la gente corriendo, una nube de polvo flotando como humo.


Y entonces, Alejandro su hijo, con la voz temblorosa, le susurró:

—¡La casa de los abuelos!

domingo, 20 de abril de 2025

“La Cueva del Silencio”

 


Esa mañana…

ella despertó con el corazón pesado.
El eco de una traición le rondaba el alma:
su novio… con su mejor amiga.

No dijo nada.
No lloró frente a nadie.
Solo empacó su cámara, algo de fruta,
y salió al bosque.
Un lugar que siempre la había abrazado en silencio.

El sendero era tranquilo.
Las hojas brillaban con el rocío.
Los monos saltaban entre los árboles.
Y ella respiraba… como si cada inhalación borrara un poco el dolor.

Click.
Foto de un tucán.
Click.
Una mariposa azul.

Y entonces…
el destino se pintó de colores.

Un ave.
De plumaje rojo, azul y oro.
Irreal.
Mágica.

Levantó su cámara…
pero el ave voló.

lunes, 14 de abril de 2025

El camino de la selva

 


La selva no perdona errores. Lo supo cuando el último sonido del motor desapareció entre los árboles y entendió que estaba solo. Andrés, guía turístico con experiencia, había tomado un desvío que no aparecía en ningún mapa. Su instinto le decía que era un atajo... pero la selva tenía otros planes.

La vegetación se cerró a su alrededor como un puño verde y húmedo. El calor era espeso, casi líquido, y los zancudos le atacaban como si fueran parte del castigo por su error. Caminó sin rumbo fijo durante horas. El sol desaparecía entre las copas altas, dejando un mundo sumido en sombras y sonidos inquietantes.

Esa primera noche fue un infierno. Se refugió bajo unas ramas gruesas, armando un improvisado refugio. Oyó el rugido profundo de un jaguar en la distancia y el crujir de ramas muy cerca. En el río cercano, los caimanes flotaban como troncos a la espera de que algo —o alguien— cayera. No durmió. Sólo rezó, y recordó a su madre diciéndole que la fe era la brújula del alma.

viernes, 11 de abril de 2025

El rugido del rio.

Era un domingo de esos que parecen haber sido escritos por la mano de Dios. El cielo estaba despejado y un sol cálido acariciaba la tierra. La brisa movía las copas de los árboles altos, y la vegetación verde vibraba con vida. En medio de ese paisaje, un padre y su hijo bajaban del carro con cañas de pescar y mochilas livianas, listos para una jornada de paz junto al río.


Caminaron dos kilómetros entre risas y conversaciones profundas. El padre, Ernesto, miraba de reojo a su hijo, Samuel, de 14 años, con orgullo. El chico había madurado en silencio, y ese día no solo era una salida de pesca, era una oportunidad para fortalecer el lazo que los unía.


Al llegar al río, todo era calma. El agua cristalina reflejaba el cielo, los pájaros cantaban y la vida parecía perfecta. Prepararon sus líneas y se sentaron en una gran roca al borde del agua. Durante horas, compartieron historias, silencios cómodos y el vaivén de la pesca. No sabían que, kilómetros río arriba, la tierra comenzaba a temblar.

martes, 8 de abril de 2025

A LA DERIVA, PERO NO VENCIDO.

 


La última vez que vio el sol, no pensó que sería testigo de su propia despedida.

Cristóbal, un pescador curtido por el salitre y los años, había salido al mar como lo hacía desde joven. Pero esa mañana el cielo estaba inquieto, como si presintiera lo que iba a ocurrir.

 Los viejos del muelle lo advirtieron: “No es buen día pa’ zarpar”. Pero él tenía que hacerlo. Su hija cumplía años, y el único regalo que podía llevarle era una buena pesca.

A varias millas de la costa, la calma del mar se quebró de pronto. Un viento helado rugió como una fiera, y el cielo se rompió en rayos. Las olas se alzaron como montañas y su pequeña lancha fue tragada por el caos.