Pero es precisamente en esos instantes de silencio, de incertidumbre y de dolor donde la semilla de la verdadera fuerza comienza a germinar.
Porque el roble más fuerte no creció bajo cielos despejados; se templó en medio de tormentas, resistió vientos implacables y aprendió a hundir sus raíces más profundo cuando la tierra temblaba.
