sábado, 22 de septiembre de 2012

TU BENDICIÓN

  Acallando del alma los dolores,
sólo por el laúd acompañado,
mis pálidos cantares, como flores
vengo a dejar en tu sepulcro helado. 

De entre los vivos te arrancó la suerte
en un instante trágico. ., Sombrío.,.
Sin embargo, el abismo de la muerte
no impide que me escuches, padre mío! . 

Cuando partiste, en nuestro hogar tranquilo
todo mudo quedó, todo sin vida,
pero tu imagen encontró un asilo:
mi pobre corazón, nunca te olvida. 

Aún te contemplo con amor profundo;
aún te escucho, te adoro, sí, te admiro!
Sólo no estoy! Camina por el mundo
la sombra de tu espíritu, conmigo! 

Como han dejado en la memoria mía
las noches de mi hogar, perennes huellas!
Noches de encanto, noches de alegría,
recamadas de fúlgidas estrellas! 

Cuan dichosos instantes a tu lado:
olvidando del día los enojos,
todo lo contemplaba iluminado
por la lumbre tranquila de tus ojos! 

Cuando ya el sueño halagador venía
me mirabas con último embeleso. . .
Tu mano con amor, me bendecía. . .
Después dejabas en mi frente. . . Un beso. .

Delicias del hogar, mi único anhelo,
hoy en las sombras del pasado, hundidas:
No os alejis, venid, dadme un consuelo,
aliviad el dolor de mis heridas! 

La desgracia llegó: sonó la hora.
Honda pena dejó en mi pecho abierto,
porque una oscura noche aterradora
te ví tendido entre una caja. .. Muerto! . . . 

Ay! Cuan negros recuerdos: los blandones
ardían con su llama vacilante;
Coronas. . . Un altar. . . Entre crespones,
la blancura de un Cristo agonizante. . . 

Tan sólo en la penumbra se escuchaban
acentos comprimidos y lejanos. . .
En tanto al pie de tu ataúd, oraban
de rodillas, mi madre y mis hermanos. . .

Esa noche de lúgubre amargura
recliné mi cabeza en la almohada,
sin sentir de tu beso la frescura,
sin recibir tu bendición sagrada! 

Fue un sueño acaso? Loco desvarío,
una ilusión que se forjó el deseo,
locura fue del pensamiento mío?
Nada más que un delirio? No lo creo!

Sí! Te sentí llegar! Mi mente absorta
caminar en la alcoba te sentía. . .
Verte no pude pero que me importa? . .
Con los ojos del alma, te veía! . . . 

Te acercaste: tus brazos me estrecharon. . .
Tu mano me bendijo, dulcemente. . .
Con ternura, tus labios estamparon
un beso de dolor, sobre mi frente! . . . 

Desde esa hora, al reclinar mis sienes
no me conturba ni me ahoga el llanto.
Sé que tu bendición a darme vienes!
No lo puedo dudar, me amaste tanto!

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